DESARROLLO SOSTENIBLE



En el contexto colombiano, la Ley 99 de 1993, en su artículo tercero define el desarrollo sostenible integrando las variables económicas, sociales y ambientales que constituyen de manera general el entono de la existencia humana hoy en día. La Ley 99 especifica que se entiende por “desarrollo sostenible el que conduzca al crecimiento económico, a la elevación de la calidad de la vida y al bienestar social, sin agotar la base de recursos naturales renovables en que se sustenta, ni deteriorar el medio ambiente o el derecho de las generaciones futuras a utilizarlo para la satisfacción de sus propias necesidades”. (Ley 99 de 1993). Para asignatura se tomará la anterior definición como marco de referencia general sobre el concepto de sostenibilidad, aceptado las limitaciones de la misma y su carácter discutible desde en punto de vista de las disciplinas del conocimiento humano. (Muñoz 2004).



El concepto de desarrollo sostenible restringe el ansia de prosperidad a la capacidad de los ecosistemas naturales de proveer estos recursos, necesarios para lograrla; además de garantizar el mejoramiento de la calidad de vida de los habitantes del planeta. Algunos inclusive hacen extensivo el cálculo de esta capacidad no solamente a las necesidades de los habitantes actuales del planeta sino a generaciones venideras que requerirán una base natural mínima que garantice su bienestar cualquiera que sea el ideal de este en tiempos futuros (Schütz and Welfens 2000).

Cabe preguntarse entonces, ¿qué tipo de escenario mundial puede surgir con la aplicación del concepto de desarrollo sostenible? Un posible escenario optimista es que nuestros sistemas socio-económicos se dirigirán cada vez más hacia un futuro caracterizado por entidades globales y locales que mejorarán las posibilidades de un desarrollo a través del diseño de asociaciones que pongan en marcha los modelos alternativos de producción y consumo. Estos modelos deben garantizar la prosperidad económica a la vez que promueven la justicia social y la conservación ambiental. A su vez, esto se ve favorecido por la necesidad creciente de innovación tecnológica y social. Se espera que este nuevo paradigma de desarrollo crezca bajo la presión de consumidores consientes e informados, empresarios cuyos valores trasciendan la simple utilidad, de tratados internacionales, acuerdos y protocolos gremiales, y por un espíritu de cooperación que superará cualquier divergencia política, religiosa y cultural.

En cuanto a nuestro medio ambiente, el ideal económico de un crecimiento ilimitado y la capacidad limitada del planeta de proveer materias primas y asimilar los desechos de la sociedad industrial pone en contraposición abierta los principios de la economía con los postulados de las ciencias naturales y el funcionamiento de los sistemas biofísicos. La anterior contradicción haría que dicho crecimiento o desarrollo económico esperado no se pudiese sostener de manera indefinida en el tiempo, ni mucho menos el estilo de vida relacionado con la idea de bienestar actual (WCED 1987). El concepto de sostenibilidad basado en los principios de una equidad y un equilibrio duradero entre las variables sociales, ambientales y económicas debe ser visto como el objetivo último del modelo de desarrollo capitalista (Stiglitz 2003), sin embargo, la situación actual del planeta y las tendencias en el desarrollo económico son consideradas por muchos insostenibles (Sachs 1999).




En resumen, si no somos capaces de enfrentar las urgencias sociales y ambientales, si no trabajamos por obtener mayor justicia social, si no preservamos los sistemas ecológicos que garantizan la existencia de la vida; no habrá estabilidad política y, sin estabilidad política, ninguna estrategia económica servirá para procurar en torno que garantice el crecimiento de económico y el desarrollo de las empresas (Babette 2004).

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